FILOSOFIA
Papá dice que eso es algo de barbudos...

Filosofia

Las historias y los cuentos son magníficas excusas, más o menos bonitas, para despertar nuestra sensibilidad y nuestra presencia. Recordar quien somos. Es precioso compartir la lectura de un cuento con un niño. Los niños suelen ser más auténticos porqué viven más tiempo en el presente. Los adultos tenemos la tendencia a pasar largos ratos en el pre i el post de los acontecimientos, perdiéndonos así detalles esenciales de lo que está sucediendo. Además, compartir nos ofrece la posibilidad de reflejarnos y apreciar nuestra belleza. Reencontrarnos.

En las historias de Rona, su personaje vive situaciones un tanto incómodas que le brindan la oportunidad de abrazar sus limitaciones y virtudes, comprender y aceptar, aprender a responder y a confiar. Crecer. Quererse y querer lo que la rodea. Por el camino, siente miedo, rabia, tristeza, vergüenza, calma y alegría, emociones que va integrando en un proceso natural y, a veces, cómico. A través de su mirada de niña, atraviesa el miedo para llegar al amor.

En el cuento conviven lo real y lo fantástico, juegan lo visible con lo invisible, y bailan el blanco y el negro con el color. Los personajes no aparecen completamente retratados, se asoman para dibujarse libremente en la mente de cada pequeño lector y servirle de espejo. Sus nombres contienen significados de luz, oscuridad, fuerza y vida.

En la eternidad, el yo no existe, se integra en la vida. En el mar infinito, no hay gotas de agua.

Rona es cada niño y cada niña, es cada uno de nosotros.

Gracias

Gracias

A mi familia, que resultó ser perfecta, la que elegí al nacer, la que necesitaba para empezar a aprender a amar. Gracias por exponerme a dificultades, a la enfermedad y a la locura, y ofrecerme la oportunidad de comprender que el verdadero amor es una decisión que no depende de las situaciones ni de los demás, sino que nace en el alma y crece en el corazón de uno mismo.

Mamá, gracias por envolverme con la toalla frente la estufa de leña, después del baño, en las tardes de invierno.

Papá, por trabajar tanto para solucionar lo material.

Hermano, por desenredarme la melena y hacerme la coleta, antes de ir a la escuela.

A mis hermanos, por las interminables partidas al monopoly, acomodados en el suelo de la casa en obras, dentro de los sacos de dormir.

Tutores de resiliencia, padres de amigos y maestros, por serlo sin saberlo.

A los amigos de la calle nueva, por supuesto.

A todos, por acompañar a mi niña, porqué todo esto se refleja hoy en el espejo de Rona.